La muñeca parlante… parte 2

El ambiente en la oficina ya no era igual. Para Julia la monotonía se apoderaba de cada segundo se su día laboral. Como siempre, buscaba la manera de sacar de su mente a su amigo Jacob, quien llevaba dos meses desaparecido. No era para menos, después de aquel fatídico instante cuando perdió a su esposa y a su hija era muy probable que la vida de él se desvaneciera como por arte mágico. Los intentos de Julia por contactar a su viejo amigo y compañero de trabajo eran nulos. Jacob había desaparecido sin dejar rastros. Había abandonado su trabajo sin renunciar. Su familia tampoco sabía de él, y todos cargaban con la angustia de no haberse quedado en el hospital cuando él más los necesitaba.

El jefe y dueño de la compañía donde trabajaban había ocupado el puesto de Jacob con un nuevo interno, traído fresquesito de la universidad y aquél muchacho no tenía ningún tipo de experiencia, lo que hacía que su convivencia con Julia en horas de trabajo fuera igual o peor que la de un gato con un ratón, y esto hacía que en cada momento ella pensara en Jacob. Recordaba aquellos maravillosos tiempos que pasaron no sólo como colegas, sino como amigos y confidentes.

Todos los intentos de ella por conseguir a su querido Jacob eran en vano. El móvil apagado, correos electrónicos sin contestar, y su casa, vacía.

*****

Al regresar de una importante junta de evaluación, Julia se sentó en su escritorio, como de costumbre. Su estómago se retorcía al enviarle el claro mensaje de que eran las dos de la tarde y no había desayunado, ni almorzado. Sí, esas reuniones para evaluar el desempeño de sus compañeros eran sumamente tediosas, y al parecer, el nuevo compañero no tendría jamás la misma gentileza de Jacob, que siempre llegaba por lo menos con una docena de donas para compartir.

Debajo de una hoja de papel, Julia vio una pequeña luz parpadear en su celular. Lo había dejado allí al entrar a la reunión, así que seguramente tenía alguna notificación que atender, y se quedó fría al leer un mensaje, cuyo emisor era Jacob:

“Sé que no debí haberte tratado como lo hice mientras estuviste conmigo en el hospital. Primero que todo, espero que me perdones. Sé que has estado tratando de comunicarte conmigo, lo sé. Y te pido disculpas por no haber respondido antes, pero simplemente apagué mi móvil y hoy es que lo he encendido. Tal vez un grave error, pues al mirar a la pantalla, sólo veo de fondo la foto de mi esposa, embarazada. El dolor que siento no te lo puedes imaginar. Soy yo el culpable de todo esto. Soy yo el que ocasionó que ya no las tenga a ninguna de las dos. Estoy pasando por un mal momento. Te necesito. Te extraño. Estoy solo.”

*****

Julia tocó a la puerta de Jacob. Las luces de la casa estaban todas apagadas, el carro no estaba, como de costumbre. Sus nudillos le dolían por tanto golpe que le daba a la puerta, su desespero era enorme. Su amigo se había comunicado, y ella quería como siempre ayudarle. Cada minuto que pasaba su corazón se aceleraba con la ilusión de ver la puerta abrirse, o tan sólo ver una luz encenderse dentro de la compacta casa, y al no ver respuesta, comenzó a gritar el nombre de Jacob a ver si de esa manera provocaba que él saliera.

Sus gritos escandalosos, acompañados de lágrimas, hicieron que una luz se encendiera, pero no precisamente allí, sino en la casa del lado, y el vecino abrió su puerta y caminó hasta donde estaba ella, sentada con su espalda pegada a la puerta de Jacob, leyendo una vez más aquél mensaje lleno de dolores que el tiempo todavía no lograba sanar.

“Él no está.” – dijo el vecino, y esperó una respuesta.

Julia no le miraba el rostro. Sólo seguía leyendo aquel corto pero emotivo mensaje. Como el vecino no sabía quién era ella, prosiguió:

“Señorita, Jacob lleva dos meses sin venir aquí. Su familia ha pasado por mi casa a preguntar por él, pero no sé qué decirles, pues realmente desde el día en que se fue al hospital no lo he vuelto a ver. Ya la familia me contó lo que ha pasado, y todos los vecinos estamos muy preocupados, pero no tenemos más información. Jacob no está aquí.”

“Gracias.”- contestó Julia, levantándose del suelo mientras intercambiaba un apretón de manos con aquél individuo que le hizo entender que ese no era el lugar correcto para encontrar a su necesitado amigo.

Caminó hasta el carro, leyó nuevamente el mensaje, cerró los ojos, y le imploró al universo que le diera luz para poder dar con el paradero de Jacob. Se armó de valor, y lo llamó, mientras apretaba fuertemente aquella muñeca que su amigo había preparado con sus propias manos.

“El número al que llama no está disponible en este momento. Trate más tarde. Este es un anuncio grabado.”

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