Abuelo me hizo un regalo

– “Prevenidos, la sala ya está abierta,” dijo el regidor de escena al entrar a nuestro camerino.

Allí estábamos todos los personajes extra, nuestro objetivo era representar al pueblo de la obra Cuando era puertorriqueña, de Esmeralda Santiago, en el Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré en San Juan.

Me armé de valor y salí hacia la parte trasera del escenario, y como no podía ver al público, quería por lo menos escucharlos, sentir su energía. Inmediatamente mi semblante cambió, me sentía mucho más tranquilo, era como si toda esa fuerza juvenil se apoderara de mi cuerpo, sin yo poder evitarlo, y tampoco quería hacerlo.

Ya era tiempo de comenzar la función, así que la directora se dirigió a los espectadores, para que supieran lo que iban a ver, y sobre la importancia de disfrutarse la obra de principio a fin. La audiencia estaba compuesta por estudiantes de escuela superior de unas siete escuelas del país, por lo que todos estábamos pensando en cuán difícil o fácil sería manejar este tipo de espectador.

“Ustedes se ve que serán un buen público,” dijo ella, y en unos minutos comenzó la función.

Saqué de mi sistema los nervios. Estuve toda la semana pensando, “mi primera vez en Bellas Artes,” y sin darme cuenta, estaba provocando ponerme más nervioso de la cuenta. Entré y salí unas cuatro veces a escenario, todas en su debido momento, y sin complicación alguna. La primera función de Cuando era puertorriqueña corrió de maravilla, sin ningún contratiempo, y yo estaba feliz.

Llegó el momento de dar el saludo final al público. Entramos todos, y cuando pude ver por primera vez al público, quedé asombrado al ver una sala llena de estudiantes, todos con sus uniformes, todos sonriendo mientras aplaudían. Ese es precisamente el mejor pago que puede tener un actor por su trabajo. Estoy seguro de que si no tuviéramos la necesidad del dinero para poder sobrevivir en un país capitalista, los actores trabajaríamos como popularmente se dice, “por amor al arte.”

Finalizada la función, corrí al camerino, a quitarme y guardar el vestuario, nos reunimos con la directora, quien lucía satisfecha, y me fui a trabajar. Allí, en el trabajo, mientras pensaba en lo maravillosa que había sido mi mañana, me di cuenta de algo muy impactante para mí. Abuelo, mi abuelo querido cumple hoy 81 añitos de edad. Esto es mucha alegría para un mismo día.

Nunca olvidaré que mi primer día presentándome en uno de los teatros más importantes del país, coincidió con el cumpleaños de mi “güelo.” Este ha sido uno de los mejores regalos que me ha dado la vida.

A la producción, la directora, y colegas actores, les agradezco la maravillosa oportunidad. Y a mi abuelo, ¡Feliz cumpleaños!

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s