Complicidades

¿Recuerdas aquellos días cuando con mirarnos bastaba? ¡Qué lindos aquellos momentos! Claro, a lo mejor ya tú has perdido las esperanzas, pero yo no, porque cuando me enamoro, me enamoro de verdad, y no a medias. Así fue que te enamoré. Con la verdad.

Aquellos días eran diferentes. Cuando estábamos juntos todo fluía. Las horas pasaban desapercibidas. Las sonrisas eran eternas y nuestras almas se confundían en una sola cuando nos besábamos. ¿Qué nos pasó? ¿Por qué ya no es así? La rutina. Dices que es la rutina y el ajetreo de cada día, sin embargo, creo que todavía hay esperanza. Sí, lo sé, estoy clara y convencida de que todo el tiempo estoy mencionando lo mismo, pero escúchame. Son señales que te estoy enviando desde lo más profundo de mi ser. Yo no te estoy diciendo todo esto porque quiero incomodarte. Te lo digo porque quiero que nuestro amor perdure.

A veces yo también me siento cansada. ¡Claro! Yo también sufro las consecuencias del día a día. Yo también trabajo y mi cuerpo necesita descanso. Pero siempre busco tiempo para estar contigo, para compartir, para revivir la pasión que alguna vez sentimos. Sin embargo, mis esfuerzos parecen ser en vano. Me duele, me duele saber que por más que me esfuerzo porque esto funcione, la mayoría de las veces me siento en un callejón sin salida. Un callejón del cual no tengo escapatoria. Estoy encerrada, en las cuatro paredes que me está presentando esta relación.

¡Ayúdame, ayúdame por favor! Ayúdame a salir de este encierro que siento. Sólo quiero que seamos felices, porque aún nos amamos. ¡Yo se que sí!


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