Complicidades

¿Recuerdas aquellos días cuando con mirarnos bastaba? ¡Qué lindos aquellos momentos! Claro, a lo mejor ya tú has perdido las esperanzas, pero yo no, porque cuando me enamoro, me enamoro de verdad, y no a medias. Así fue que te enamoré. Con la verdad.

Aquellos días eran diferentes. Cuando estábamos juntos todo fluía. Las horas pasaban desapercibidas. Las sonrisas eran eternas y nuestras almas se confundían en una sola cuando nos besábamos. ¿Qué nos pasó? ¿Por qué ya no es así? La rutina. Dices que es la rutina y el ajetreo de cada día, sin embargo, creo que todavía hay esperanza. Sí, lo sé, estoy clara y convencida de que todo el tiempo estoy mencionando lo mismo, pero escúchame. Son señales que te estoy enviando desde lo más profundo de mi ser. Yo no te estoy diciendo todo esto porque quiero incomodarte. Te lo digo porque quiero que nuestro amor perdure.

A veces yo también me siento cansada. ¡Claro! Yo también sufro las consecuencias del día a día. Yo también trabajo y mi cuerpo necesita descanso. Pero siempre busco tiempo para estar contigo, para compartir, para revivir la pasión que alguna vez sentimos. Sin embargo, mis esfuerzos parecen ser en vano. Me duele, me duele saber que por más que me esfuerzo porque esto funcione, la mayoría de las veces me siento en un callejón sin salida. Un callejón del cual no tengo escapatoria. Estoy encerrada, en las cuatro paredes que me está presentando esta relación.

¡Ayúdame, ayúdame por favor! Ayúdame a salir de este encierro que siento. Sólo quiero que seamos felices, porque aún nos amamos. ¡Yo se que sí!


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Lluvia en San Juan

Siempre es bueno aprovechar cualquier situación que se presente para convertirla en una oportunidad. Y ese fue mi caso ayer. Las pasadas semanas han sido un poco tensas en mi Puerto Rico, debido a una sequía que nos ha amenazado seriamente con dejarnos sin agua en el grifo. Así que la mayoría de los que vivimos en la zona metropolitana hemos tenido que hacer ajustes en el consumo del preciado liquido. Además, nos hemos encargado de hacer la debida previsión de acumular agua en envases plásticos para evitar sufrir los devastadores efectos que trajo consigo el racionamiento.

Y llegan los extremos. Ayer, sin previo aviso, después de largos días sin ver gotas de lluvia caer del cielo, “cayó sendo aguacero.” Todos en la oficina nos preguntábamos como llegaríamos a nuestros hogares, en especial yo. Para llegar a mi casa, puedo tomar tres rutas: Centro Médico, San Patricio, o la Avenida Central. ¿Adivinan? Las tres estaban inundadas, según reportes y fotografías impactantes que pude ver a través de @transitopr por Twitter.

Miré el reloj, marcaba las 3:50 PM, dentro de diez minutos me tendría que enfrentar al incontrolable “tapón” que se anunciaba en todas las redes sociales. Y sin pensarlo dos veces, me lancé al agua, cruce la carretera, me monté en el carro, y me dirigí a la congestionada avenida Ponce de León, y una vez allí, decidí que no desperdiciaría más mi tiempo en el tráfico infernal, así que me estacioné en Ciudadela y crucé a Libros AC. Allí me tomé unas cervezas mientras entre una cosa y otra, dialogaba con Franco, un coleccionista de monedas que se acercó a preguntarme sobre la pluma que estaba utilizando para escribir, y a Stephanie, una fotógrafa urbana cuyo trabajo prodrán ver haciendo click aquí.

En otros tiempos, hubiera estado de mal humor por el tráfico, y me hubiera quedado luchando por llegar a casa en medio de todos los conductores desesperados por llegar a sus destinos, al igual que yo. Sin embargo, elegí hacer algo diferente. Elegí no hacer lo que siempre hago, y lo mejor es que no me arrepiento. Estando en Libros AC conocí gente nueva, experimenté lo que es salir de la rutina, y aprovechar el tiempo lo mejor posible.

Lo mejor de ayer fue el hecho de que me hizo sentir muy feliz porque he vivido una nueva experiencia, he descubierto un nuevo lugar para sentarme a escribir, y por supuesto llovió. Lo único que resta es cruzar los dedos, para que así como cayó casi un diluvio, también haya hecho efecto en los respectivos embalses donde es tan necesaria el agua en estos momentos.

Hasta pronto,

Josh


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Un almuerzo con Cristina

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Ella siempre ha estado para mí, y tengo el “feeling” de que siempre lo estará. De profesora, se convirtió en mentora, de mentora a amiga, y de amiga, ahora es una de mis madres postizas. Esa es Cristina Soler, una mujer entregada, valiente, y muy luchadora.

El pasado lunes no fui al trabajo pues andaba con un dolor de espalda que casi no me permitía sentarme sin susurrar un “ayyy”, así que decidí ir a una farmacia en San Patricio para comprar algo que calmara un poco la molestia. De camino dije, “contra, hace un tiempito que no veo a Cristina, la voy a llamar a ver si nos podemos encontrar para almorzar”. Y como es usual en ella, que si tiene tiempo disponible, te lo obsequia, nos encontramos para echarle algo “light” al estómago.

Nos pusimos de acuerdo por teléfono, y quedamos en ir a Ponderosa. Cuando llegó, la vi caminando hacia el restaurante, calmada, relajada, y rapada. La recibí con un abrazo efusivo, como siempre, y rápidamente nos pusimos al día. Hablamos de todo un poco, pero lo mejor de nuestra conversación fue cuando ella miró mi plato y rió al ver mi comida “light”.

“¿Esa es tu comida ‘light’?”, preguntó entre risas, porque su plato era mayormente de ensaladas verdes, mientras que el mío estaba compuesto de ensalada de coditos con mayonesa, macarrones con queso, maíz suelto, croquetas de papa, bolitas de mofongo, pan, sorullitos de maíz, queso rayado y jamón. ¡Qué “light”!

Pasamos un rato divino, donde hablamos de teatro mayormente, pero también tuvimos la oportunidad de discutir sobre la ingeniería detrás de la ropa interior masculina, los futuros proyectos de mi diseñador personal, Julio Andrés, entre otros temas de los que siempre hablamos.

La última puesta en escena que vi de Cristina fue hace unos dos meses, cuando se presentó en Una perra llamada Sylvia. Y me estoy preparando para mañana verla en Ingenio (WIT), en el Centro de Bellas Artes de Santurce, así que ya les contaré.

Un saludo,

Josh

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Mi viaje en la escritura

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Estoy consciente que tal vez el título de esta entrada no es el más llamativo, ni el más adecuado. No obstante, tengo que admitir que constantemente me encuentro en una nube donde me hago mil preguntas a la vez, y tal como me han enseñado, el análisis es parálisis.

Actualmente, estoy trabajando en varios proyectos. Uno de ellos, una obra de teatro corta que escribí hace unos meses atrás y que esta en proceso de edición, para finalmente someterla y presentarla. Algo que para mí es muy importante, pues también estaré actuando en ella, y los que me conocen saben que mis dos grandes pasiones en la vida lo son la escritura y el teatro.

El otro proyecto es una autobiografía que publicaré próximamente a través de la plataforma de libros electrónicos de Amazon, Kindle. Demás está decir que es mucho trabajo, y muy complejo, pues me toca hurgar en mi pasado, desenterrando momentos que no quisiera que se repitieran nunca jamás. Dicho esto, es casi obvio que tengo mucho taller sobre mi pequeño escritorio blanco.

A veces veo tanto trabajo para escribir y editar que simplemente me siento bloqueado. Y tal vez, si alguno de ustedes se ha sentado a hacer escritura creativa en algún momento, sabrá que no es tarea tan sencilla, mucho menos cuando se intenta hacer de la manera más profesional posible, sin tener la solvencia económica para solicitar ayuda, por lo que terminas siendo como Cuca Gómez, “Yo lo uso, yo lo fabrico, y yo lo recomiendo.”

¿Cuál es mi gasolina para continuar con mis proyectos? Primeramente el gran amor que le tengo a estos dos artes, y segundo el apoyo que recibo de tanta gente. Para ponerles un ejemplo, el pasado mes me encontraba en The Mall of San Juan, haciendo una visita de rutina a la única tienda que una persona como yo podría entrar, Teavana. Al salir, me encontré con Ana, una amiga de muchos años, a la cual no veía hacia mucho tiempo. Tan pronto me vio, luego de saludarme efusivamente, como siempre ha hecho, lo primero que hizo fue preguntarme por mis proyectos de teatro y escritura. Ella, sin saberlo, me dio el “pushing” para sentarme a escribir ese mismo día tan pronto llegué al apartamento.

Y pienso que para todas las cosas que hacemos, siempre es bueno contar con alguien que te aliente a no parar ni un instante, y seguir desarrollándote, porque mientras tus miedos te atacan, hay gente que cree en ti y en tu potencial más de lo que puedas imaginarte.

¡Hasta pronto!

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